jueves, 20 de septiembre de 2012

La carta que nos hizo llorar a todos.


Mi  nombre es Eliana, soy madre de José María, un adolescente de 15 años con Síndrome de Asperger. Esta lucha me viene de lejos y de ella solo puedo extraer que las leyes a favor de la integración escolar de niños con necesidades especiales casi nunca se llevan a la práctica. Cada etapa que ha iniciado mi hijo he tenido la firme convicción de que las cosas iban a mejorar, no ha sido así, los curriculums adaptados y el sistema de diversificación son solo un desguace al que nuestros hijos son remitidos porque en algún lado deben estar, no obstante, no solucionan en lo absoluto las  dificultades sociales a los que ellos deben de enfrentarse solos cada día. Hace un año, el sistema educativo consideró que lo más apropiado para solventar las dificultades de José María sería remitirlo al sistema de diversificación. Se me plantearon unas condiciones bastante positivas con las que yo estuve de acuerdo. Sin embargo, la frustrante experiencia de lo que lleva siendo para José María este curso escolar me demuestra fehacientemente que las condiciones de desprotección en las que se encuentra mi hijos frente a la marginación, el rechazo e incluso el acoso de sus compañeros sigue sin resolverse. Es evidente que un instituto no es una guardería, es evidente que no se puede controlar a todo un alumnado, no obstante si el objetivo de la integración es no dejar desfasados a nuestros hijos del sistema escolar, este es un problema prioritario y grave que debe resolverse cuanto antes y en el que las autoridades competentes deben reparar.
José María empezó el curso con mucha ilusión, yo, que soy su madre, le había prometido que esta vez las cosas serían mejor, que acudir a un aula con seis alumnos le daría la posibilidad de integrarse, quizás, de encontrar un buen amigo que supliera la labor de Luis, mi hijo mayor ,que  ha sido su cuidador, su protector, su guía y su lazarillo desde que hace cuatro años, José María ingresó en el instituto. El primer trimestre de este curso parecía ir bien, pero las cosas empezaron a cambiar, posiblemente un niño cualquiera sin sus características podría haber encajad de otra manera  ser  blanco de bromas y burlas, pero José María carece de la habilidad social suficiente para hacerles frente, para defenderse o sencillamente, para decirle a sus profesores lo que le ocurre. Cuando Luis no ha podido salir al recreo, le han lanzado botellas de plástico, lo han golpeado con un palo o lo han rodeado para insultarle y mofarse de él. Nadie ha visto nada, nadie ha hecho nada, los profesores consideran que este tipo de bromas son habituales entre adolescentes e incluso, se ha culpado a José María de provocar este tipo de situaciones.
  Un día antes de las vacaciones de semana santa, José María llegó a casa con un ojo morado, la profesora me envió una nota en la cual decía que José María había cerrado la puerta del aula con el objeto de que sus compañeros no pudieran entrar, según ella, que en ese momento no estaba en el aula, sus compañeros tiraban para entrar y José María empujaba para que no lo hicieran, luego, los compañeros soltaron la puerta y todo quedó en una anécdota, una broma.
Cuando José María  llegó a casa me contó lo que realmente pasó: sus compañeros lo encerraron solo en el aula, el intentaba salir y ellos que no salieran, después del golpe, llegó la Tutora y por supuesto, los otros cinco se pusieron de acuerdo para dar una misma versión. José María, que no tiene habilidad para expresarse, se quedó callado , los niños lo amenazaron diciéndole que  en el caso de que me dijera algo… me denunciarían… y el se calló, creyó que realmente lo harían, pero no pudo evitar decirme lo que pasó cuando bajó del autobús y ví el ojo morado.
¿Quién dice la verdad y quién miente?¿ Debo creer a José María por la única circunstancia de que sea mi hijo? Por supuesto que no, pero da la casualidad de que conozco sus carencias y de más está decir, sus miedos. Si hay algo que no le gusta es quedarse solo en una habitación, si hay algo que no hace aunque se perjudique es culpar a otros de algo que ha hecho. Pero cinco son demasiados contra uno y es mucho más fácil creer al grupo y culpar a la víctima que poner medidas que solucionen, que terminen con una situación de acoso soterrada, disimulada. La víctima pasa a ser culpable y ese es el final. José María no pudo intentar que sus compañeros no pasaran al aula, por la única razón de que jamás se quedaría solo y encerrado en un aula por su propia voluntad.
 He pasado gran parte de los últimos 13 años hablando con profesores, tutores, orientadores, directores y toda clase de personas que son los llamados a evitar que José María viva un infierno en el instituto y a que no siga soportando  agresiones verbales, zancadillas, insultos, y bromas pesadas en espacios libres como los recreos, los pasillos, los cambios de hora en los que en las aulas no hay profesores, pero esas conversaciones nunca han llegado a buen puerto, las cosas cambian una o dos semanas, luego, la rutina vuelve a funcionar. José María no quiere ir al instituto, hace poco me dijo que tiene miedo de lo que le puedan hacer, que tiene miedo de que lo encierren. Su estado de ánimo se ha ido haciendo cada vez más preocupante : llanto, tristeza, molestias estomacales, tics nerviosos . Tampoco puede acceder al único apoyo que tuvo antes de pasar a diversificación,  su orientadora, pero más que una orientadora, él siempre la consideró una amiga, una amiga con la que pasó más de un recreo cada vez que por algún motivo de fuerza mayor como un examen o alguna reunión escolar, Luis no  podía estar con él . Su orientadora lo escuchaba, lo aconsejaba y lo orientaba, él, confiaba en ella… por desgracia, el sistema de diversificación acabó con esta falsa prerrogativa. En varias oportunidades intenté hablar con ella, pero no fue posible…. me hizo saber a través de una de las tutoras que tanto yo como José María debíamos hablar con las tutoras ya que los niños que acuden a diversificación no cuentan con ese tipo de apoyos. Para José –maría fue un golpe muy fuerte que llevó en silencio y con tristeza, la única amiga que tuvo  a lo largo de cuatro años fue tragada por el sistema de diversificación, pero ese mismo sistema se también acabó con las opciones personales con las que cada uno de nosotros contamos, funcionar  como orientadora exclusivamente por que es parte de tu trabajo y el sistema te obliga o funcionar como amiga de un niño que de no ser por su hermano pasaría los recreos deambulando solo por los pasillos intentando pasar desapercibido o esquivando zancadillas o insultos de los graciosos que siempre abundan en los institutos. ¿ Dónde se quedan entonces la verdadera vocación pedagógica?. 
Ayer, mi hijo mayor acabó el último curso de bachillerato, junto a él, también lo hizo su mejor amigo, un chico asperger al que Luis protegió desde el primer momento en que se conocieron y se hicieron amigos, esa protección, esa amistad, esa confianza que surgió entre ambos consiguió lo que quizás José María nunca consiga porque a partir de hoy estará solo, IR A LA UNIVERSIDAD. Hoy, no he enviado a José María al instituto, no puedo enviarlo a hacer frente solo a  lo que él considera un infierno . Hace unas semanas la tutora llamó a amenazarme con informar a Jefatura de estudios, le pedí que lo hiciera y que si deseaba podía también informar a ministerio de Educación para que esto se supiera de una vez por todas en un medio público. No he tenido el valor de denunciar pensando que SERÍAN PEOR PARA JOSÉ MARÍA , no he tenido el valor de denunciar porque JOSÉ MARÍA ME LO HA PEDIDO, ÉL TEME QUE SI LO HAGO LAS COSAS SERÁN PEORES PARA ÉL, QUIZÁS TIENE RAZÓN, CADA VEZ QUE HE PRESENTADO MIS QUEJAS Y HAN TENIDO UNA PEQUEÑA CHARLA CON LOS NIÑOS QUE LO AGREDEN, ESOS NIÑOS LO HAN ACUSADO DE CHIVATO, DE MENTIR, DE INVENTARSE TODO Y NO HE SIDO YO, SINO ÉL QUIEN HA DEBIDO DE ENFRENTARLOS AL DÍA SIGUIENTE, QUIEN HA TENIDO QUE SOPORTAR UNA VEZ MÁS QUE EN EL MEJOR DE LOS CASOS, LO MARGINEN.
La desprotección es absoluta. En septiembre, José María cumplirá 16 años, no creo que vuelva al instituto ni mañana, ni pasado, ni el otro curso escolar.